[PARTE II] 4.500 kilómetros por la Ruta 40, Puna, Desierto de Atacama y más…

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Segundo día, Uspallata a San José de Jachal

A las siete AM ya sonaba mi despertador, pero debo reconocer que desperté solito, las ganas y ansiedad por empezar “de verdad” la aventura hacían que ni sueño tuviera. La mañana estaba helada. El termómetro marcaba 4°C. Pasé a tomar desayuno y ya a las 9 iba rumbo al norte, por la ruta 149. La inmensidad y soledad ya se podían sentir. Nadie en la ruta. No había avanzado 20 kilómetros cuando se acabó el asfalto y empezaba la tierra. ¡Diversión, pensé! Era mi primera vez con la moto en caminos de ripio y más encima cargado, por lo que empecé tímidamente a 70 km/h, pero los neumáticos Metzeler y la suspensión de la moto demostraron un agarren notable, al rato ya iba a 100 y tranquilo, disfrutando la experiencia.

Estaba en eso cuando veo polvo a lo lejos, qué raro pensé, va un auto, pero en el piso veía solo una huella fresca muy marcada. Dicho y hecho lo que pensaba, al rato veo tres motos paradas tomándose fotos. Resultaron ser argentinos de Córdoba, muy simpáticos, de un club, eran como 10, y ellos se habían quedado tomando fotos. Obviamente conversamos un buen rato, les llamaba mucho la atención la KTM, allá no llega ese modelo, me contaban de la complicada situación económica y lo difícil que es comprar una moto nueva. Yo les decía que acá en Chile de no cambiar la situación íbamos para lo mismo.

Bromas iban y venían. Ellos pasarían esa noche en Las Flores, unas termas a unos 40 kilómetros de San José de Jachal, lugar donde yo me quedaría. Nos despedimos y partí raudo de nuevo. A los 30 kilómetros empezó el asfalto, justo donde entraba a la provincia de San Juan. Ahí estaba el resto de los motoqueros del club esperando a sus amigos, nuevamente paré, algunos saludos y seguí rumbo al norte.

LA PRIMERA PARADA “OFICIAL”

Al rato llegué -luego de una parada en un control de gendarmería argentina, donde para variar lo único que hacían era preguntarme por mi moto- a lo que sería para mí la primera parada “oficial” del viaje, era la Pampa del Leoncito, lo había visto por internet y lo quería conocer. Es como una verdadera mesa de pool, era un lago que se secó y dejó un piso de greda duro y perfectamente liso, es loco estar ahí. Lo usan mucho para la práctica del carrovelismo, esos carritos con vela, aunque el día que llegué no había ninguno. Estaba tomándome fotos cuando llegó el club de motos argentino en pleno. Bromas iban y venían y obviamente una foto todos juntos. Nuevamente me despido y sigo camino mientras ellos se quedan probando la potencia de sus motos en piques 1/4 milla.

El camino se empezó a poner cada vez más trabado y en mal estado, sobre todo luego de pasar Calingasta, habían varios rodados y trozos cortados por bajadas de lluvias, por lo que había que ir muy atento. Luego me enteraría que hacía un par de días había temblado fuerte allá (algo no habitual) y habían caído muchas piedras al camino.

Ya tipo 3 de la tarde llegué a Las Flores, donde paré a almorzar unas espectaculares pastas caseras. Ese lugar posee unas termas muy conocidas y es el lugar donde se junta el camino del paso de Aguas Negras, que llega a Vicuña y La Serena por nuestro país. Luego del almuerzo hice los últimos 40 kilómetros por la Cuesta de Los Vientos, que le hace honor a su nombre, tanto en el viento como en la cuesta. El camino es trabadísimo y el viento te mueve todo el rato, hasta llegar a San José de Jachal, un pueblo sin ningún atractivo, pero que me serviría para descansar para el día siguiente y llegar a Belén vía la famosa Ruta 40.

Llegué al hotel y con tranquilidad elegí una habitación en el segundo piso a la calle, muy iluminada. Le hice las mantenciones a la moto y salí a caminar un rato, encontrando una heladería increíble, impensada para un lugar así. Llegada la noche, salí a comer a una parrilla que me recomendó la gente del hotel, entro al lugar y gran sorpresa: las personas del club de motos de Córdoba estaban ahí. Resulta que en las termas de Las Flores no les quedaba alojamiento y terminaron en la misma ciudad que yo.

Obviamente comimos todos juntos, muy buena onda y me dieron una idea genial, desviarme 100 kilómetros de mi ruta original para conocer el parque nacional Talampaya, que posee unos paredones de 150 metros de alto cortados a 90° o el Valle de la Luna. Sonaba interesante. Por tiempo debía elegir solo uno, y elegí el primero. La magia de viajar solo es eso, conoces gente y puedes cambiar tu itinerario como se te dé la gana, así que dicho y hecho, modifiqué mi GPS y me dispuse a ir a dormir para enfrentar el nuevo día.

SIGUE EN LA TERCERA PARTE…

Aventura

Piloto de rally y UTV. "Chofer" de motos enduro y big trail. Viajero y aventurero empedernido.

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